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| Balones fuera |
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| Jueves, 20 Mayo 2010 |
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por ElFer Por poco que uno tenga un mínimo de espíritu crítico y reflexión personal ante cualquier asunto, tragarse un telediario de los habituales supone progresivo mal humor ante las noticias que nos largan que va creciendo de manera exponencial. Un día cualquiera, es lo mismo, en cualquier franja horaria y elijas el canal que elijas. El mundo es un lugar muy grande, desde luego, pero tenemos la costumbre de reducirlo a nuestras miserias más pequeñas, las que ocupan nuestro día a día. Y eso se proyecta a la hora de afrontar casi todo lo que nos ocurre, y trasladar, con una facilidad pasmosa, con la mayor naturalidad, las responsabilidades a los demás. Falta el tiempo para que se pidan cuentas -y compensaciones- hasta a Cristo Padre, y todo el mundo se eche las manos a la cabeza. Tampoco falta quien abandera la reivindicación por absurda que sea para obtener la rentabilidad adecuada y tener su minuto de gloria y telediario. El oportunismo en este país, después de la envidia, es el deporte nacional. Pero es curioso como nadie asume las suyas, como no existe, nunca, el más mínimo ejercicio de autocrítica, de considerar si es que no hemos metido la pata en algo. Mucho menos de encajar el golpe con una cierta resignación propia de cada oficio, o de lo dura que es la vida en general. Y creo que todos estos espectáculos que suelen montarse a menudo son cosecha propia de nuestros días, de esta peculiar manera que tenemos de entender la vida apuntando con el dedo a los demás. Cuanto más ruido mejor, porque incluso puedes parecer sospechoso de algo si no protestas amargamente ni pides que el Gobierno intervenga. Mucho ha cambiado el paisaje, desde luego, y mucho las actitudes. Porque lo relevante es discutir el Estatut y definir el marco jurídico-político del bilingüismo, la selección nacional de fútbol de Cataluña y las embajadas de Carod en el extranjero, y no garantizar a la población un suministro tan básico como el eléctrico, ni contar con medios para las emergencias, ni coordinar los servicios. No. Eso no vende confrontación. Vende competencia, y al parecer, como ha podido comprobarse con los años, las citas electorales nunca ajustan cuentas con cretinos. En cristiano, que se tiene lo que se merece. Y en el plano individual, ídem de lienzo. Primero se dispara y luego, si eso, se apunta, claro. Que la culpa, siempre, es del chachachá. Poco importa si la construcción era ilegal, si la casa estaba en zona inundable, si no tenías permisos ni papeles, si lo que molaba eran las vistas al pie del río, si aquel regato o torrentera –decían algunos envidiosos- pasaba por allí desde siempre, o si pensaste un poco o te importó un carajo al comprar el terreno considerar su orografía. Poco o nada importa también tener en cuenta que el destino del viaje sea una zona de conflicto, que el área donde se faena y se hace negocio –un buen negocio- esté infestada de piratas o terroristas, pertenezca al mar territorial de un estado que no existe, donde no impera más ley que la del más fuerte y la de la cruel evolución humana, pero no en la versión de Darwin, sino en la de un AK-47. Este jardín no es el mundo de Alicia en el país de las maravillas. Y si te metes en el barro, salvo que seas idiota, debes tenerlo en cuenta. Lo que ocurre es que es más fácil creerse con derecho a todo que pensar con un poco de sentido común. Una mezcla estúpida de percepción irreal del mundo y desvergüenza envuelta en subvención y ayudas públicas. Y como disparamos con pólvora real, adelante con la reclama. |