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| Herencia Genética |
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| Estado General |
| Jueves, 17 Junio 2010 |
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por ElFer Puede ser que la actitud frente a lo que nos rodea y a lo que sucede a nuestro alrededor sea la consecuencia o el resultado de lo vivido, de lo aprendido, de la herencia de nuestros mayores, del impulso que hemos observado siempre a través de las pautas y la educación recibida.
Resultaría demasiado evidente decir que somos un país de una larga tradición histórica, de muy poca y en general manipulada memoria, y arrestos acreditados para aguantar mecha y soportar lo que nos echen. Nunca fue más cierto aquello de qué buen vasallo, si hubiese buen señor, que acreditaba el cantar del Mio Cid allá por el 1.200.
Ha llovido, desde luego, pero al parecer la herencia genética se mantiene. Sin el impulso y el ejemplo de líderes honestos y valientes, esquilmados por la incompetencia ajena pero también por la desidia propia, hoy, bajo una fina capa de barniz de seriedad y modernidad, seguimos siendo el país de la pandereta, de la ley del mínimo esfuerzo, del arte del escaqueo, del vivir del cuento, de los aspirantes a zánganos remunerados, de los indigentes intelectuales, del enchufe y del tengo un amigo que controla, del seguir a la expectativa en lo que vaya a ocurrir, pero sin aportar nada, sin hacer nada, sólo esperando que las cosas ocurran. Y en manos de quien estamos, de quienes siempre hemos estado –un país tiene los gobernantes que merece, pues no son sino el reflejo y el merecimiento de su gente-, en la lotería de todos los días siguen saliendo por regla general las bolas negras.
Incluso cuando hace cinco siglos este país fue un referente, temido y admirado por muchos, y quienes dirigían nuestros destinos nos gobernaban con mano de hierro y sin contemplaciones, bajo aquel resplandeciente sol que nunca se ponía en nuestro imperio, hambre y miseria en todas partes. Algunos hombres buenos, muy buenos, pero el pícaro, el mendigo, el avaro y el tramposo han sido siempre producto nacional. Entonces para sobrevivir frente a la soga y a la hoguera; hoy para aprovechar el café para todos y el voto útil cada solsticio de legislatura.
Que inventen otros, que piensen otros, que exijan otros, que se alcen otros. Hemos avanzado, sí, pero sin haber cambiado mucho nuestra genética y nuestra inercia. Porque al final siempre nos sale el señorito que todos llevamos dentro, y el que más y el que menos se las da de hidalgo y tiene sangre de reyes.
Antes de lanzar la primera piedra que cada cual haga examen de conciencia. Me temo que aquí no libra ni Dios. Obras son amores, que dijo el sabio, y a nosotros siempre nos ha encantado ver como trabajan los demás.
En España todo el mundo se pregunta: “¿Qué va a pasar?”.
Casi nadie hace esta otra pregunta: “¿Qué vamos a hacer?”. Javier Marías. |